Historia de los Viajes con Perros

Perro sobre un tren

A principios del siglo XX pocas personas tenían automóviles por lo que el transporte de animales de compañía no era tan fácil como lo es en la actualidad. No obstante, muchos amantes de los perros pertenecían a la clase adinerada y en sus apariciones en las publicaciones caninas del momento solían retratarse junto a sus animales a bordo de lujosos vehículos de cuatro ruedas, o incluso en motocicletas o sidecares. Pero esto era tan solo una excepción ya que la Mayoría de los perros viajaban en tren.

El Ferrocarril y los Perros

La mayoría de los perros viajaban en ferrocarril, a menudo solos, con destino a las exposiciones caninas y a otros lugares. A finales del XIX las infraestructuras existentes para alojar a los animales valiosos eran inadecuadas y en 1883 la opinión publica inglesa consideraba abusivo el costo del transporte de los perros, que era muy superior al de la paquetería, considerando que ambos “bultos” ocupaban un espacio similar y tenían las mismas posibilidades de quedar aplastados en el vagón de equipajes. Los perros grandes debían viajar en el compartimiento de equipajes pero los pequeños podían ir en pequeñas cajas bajo los asientos, aunque se consideraba “terrible para la comodidad de los animales muy sensibles”

El público no estaba dispuesto a pagar más por transportar sus perros sin contraprestación alguna en la comodidad y seguridad del viaje, y se produjeron muchos errores, que las compañías ferroviarias achacaban al descuido o a las exigencias remilgadas de los propietarios. En muchos casos algunos de los canes más valiosos del país se transportaban en contenedores inadecuados de los cuales podían escapar con facilidad. A menudo el fondo cedía y el perro acarreaba sobre sus espaldas el peso de la jaula, y no a la inversa como debía ser. A ello se sumaban otros problemas como el uso de collares o cadenas indelebles y lo peor de todo, que algunos perros no llegaban dentro de la jaula, sino que sencillamente sueltos.

A la inversa, algunos propietarios eran demasiado exigentes, dando instrucciones precisas que no eran atendidas por los atareados revisores. Algunos propietarios que viajaban con sus perros insistían en que debía reservarse para ellos el espacio aproximado del vagón de segunda clase, y estaban dispuestos a enfadarse con cualquiera que les contradijera.

Las Perreras Ferroviarias.

Varias estaciones de ferrocarril londinenses disponían de alojamiento para los perros por lo que es un error pensar que las compañías ferroviarias no proporcionaban ciertas comodidades a los viajeros caninos. Algunos de los mozos de equipaje mostraban consideración hacia los canes y los trataban bien. Un mozo de equipaje de una de las estaciones era considerado uno de los mejores y muchos perros a su cuidado se comportaban como si le hubieran conocido de toda la vida.

El alojamiento de otras estaciones era igualmente bueno. En una de ellas, a la izquierda del andén se disponían pequeños corrales adosados a la pared, calientes y limpios. Los revisores de algunas de las líneas de ferrocarril eran cuidadosos con los perros a su cargo e incluso los perros que permanecían hasta una semana allí tenían buen aspecto.

Otra estación disponía de perreras más seguras y aunque eran pequeñas, disponían de una buena ventilación y de una puerta con cerradura. El mozo de equipajes responsable también era de confianza y las personas con perros valiosos confiaban plenamente en el para que cuidara de sus animales durante la noche. Las estaciones de Waterloo y St. Pancreas también tenían buena fama, pero no tanto como las de Euston, King Cross y Liverpool Street. Aunque las compañías ferroviarias no eran partidarias de alojar perros la disponibilidad de tales medios para el uso de los viajeros caninos es digna de elogio.

Sin embargo no en todas las estaciones era igual. El peor trato se daba en la estación de Paddington, donde solo se disponía de dos a tres cajones para los perros al final de los andenes. En ocasiones, los perros dejados en esta estación eran alojados en establos cercanos con acceso directo a la calle, lo que hacia muy fácil su robo por cualquier transeúnte malintencionado.

El Costo Creciente del Transporte de Animales.

Las quejas sobre el coste del transporte de perros en 1883 probablemente eran justificadas porque en 1931 el coste para transportar un perro vía Londres en una de las compañías ferroviarias era de 6 peniques para 24 KM, de 3 chelines y 6 peniques para 121 Km. y 10 chelines para distancias superiores a 480 Km., con diversas tarifas intermedias. Estas eran las tarifas para el trayecto de ida y algunos días debían pagarse los mismos precios para la vuelta si el perro acompañaba a su amo.

En 1934, costaba 3 peniques viajar en el vagón del jefe del tren hasta 16 Km. y era obligatorio que los perros fueran con bozal, aunque algunos hacían vista gorda al respecto.

En la actualidad ¿ Alguien sabe cuanto cuesta viajar con un perro en tren, bus o como sea?

Si tuvieran algo de información agradeceriamos si la compartieran con todos ( no olviden indicar pais )

Escrito por Aperrados

Una respuesta a “Historia de los Viajes con Perros”

  1. muy buen sitio realmente adorable lo chistoso es que lo encontre por accidente en google…

    buenno bye besitos y abrazos de parte de mi y de mi perrita schnauzer…

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